MORFINA CLORHIDRATO

3577 | Laboratorio PFIZER

Descripción

Principio Activo: Morfina,
Acción Terapéutica: Analgésicos

Composición

Morfina Solución oral cada 100 mL contiene: Morfina como Clorhidrato 1,0 g. El clorhidrato de morfina es 7,8-didehidro-4,5-epoxy-17-metilmorfinan-3,6-diol de trihidrato de clorhidrato (peso molecular 375,8). Es un polvo cristalino blanco o incoloro, cristal sedoso. Es soluble 1:21 en agua y 1:10 en alcohol hirviendo. Prácticamente, es insoluble en cloroformo o éter. Excipientes: Ácido cítrico anhidro, citrato de sodio, glicerol, edetato disódico, metilparabeno, agua para inyectables.

Presentación

MORFINA Clorhidrato Solución oral de 10 mg/mL, Frasco por 200 mL.

Indicaciones

Morfina está indicada en el manejo del dolor severo refractario a analgésicos no narcóticos.

Dosificación

Vía de administración: oral. La dosis recomendada por vía oral es de 10-20 mg inicialmente, repetida cada 4 a 6 horas. Existen casos en que dosis menores también son efectivas. La dosis inicial dependerá principalmente del tratamiento previo del paciente y se aconseja siempre usar la mínima dosis posible. Después de la administración prolongada de morfina, puede que se desarrolle tolerancia a ella y sea necesario aumentar progresivamente la dosis para controlar el dolor. Uso en geriatría: puede que sea necesaria una disminución de la dosis del adulto.

Contraindicaciones

La morfina está contraindicada en pacientes con hipersensibilidad a los narcóticos, en niños menores de un año de edad, incluso bebés prematuros o durante el trabajo de parto o el parto de bebés prematuros, después de una cirugía del tracto biliar o anastomosis quirúrgica, íleo paralítico, en pacientes que están tomando o han tomado inhibidores de la MAO en los últimos catorce días. La morfina está contraindicada en depresión respiratoria, especialmente, cuando hay cianosis y secreción bronquial excesiva. Se debe utilizar con precaución en pacientes con disminución de la reserva respiratoria, asma bronquial aguda u otra enfermedad obstructiva de las vías aéreas, insuficiencia cardíaca secundaria a la enfermedad crónica pulmonar (cor pulmonale), arritmias cardíacas, depresión grave del SNC, alcoholismo agudo, delírium trémens, lesiones en la cabeza, tumor cerebral, presión cefalorraquídea o intracraneal elevada, sospecha de cirugía abdominal aguda, íleo paralítico, retraso del vaciamiento gástrico, disfunción hepática y renal grave, encefalopatía hepática incipiente y estados convulsivos, tales como status epilepticus, tétanos, debido a los efectos estimulantes en la columna vertebral o envenenamiento con estricnina.

Reacciones Adversas

Los principales peligros asociados con la morfina, así como con otros analgésicos narcóticos, son la depresión respiratoria y, en menor grado, la depresión circulatoria. Tras el uso de la morfina, se produjeron paros respiratorios, shock y paros cardíacos. Efectos adversos más comunes que requieren atención médica: Los efectos secundarios de los analgésicos narcóticos, como la morfina, observados con más frecuencia son la sedación, las náuseas y los vómitos, el estreñimiento y la sudoración. Sedación: La mayoría de los pacientes presentan somnolencia inicial, en parte, por motivos farmacocinéticos y, en parte, porque los pacientes a menudo se recuperan de la fatiga prolongada después de aliviarse del dolor persistente. La somnolencia, normalmente, desaparece en un período de entre tres y cinco días y, por lo general, no es motivo de preocupación siempre que no sea excesiva ni esté relacionada con inestabilidad o síntomas de confusión. Si persiste la sedación excesiva, se debe buscar el motivo que la cause. Algunos de estos son: medicamentos sedantes concomitantes, insuficiencia hepática o renal, insuficiencia respiratoria exacerbada, dosis superiores a las toleradas por un paciente mayor o el paciente, en realidad, se encuentra más grave de lo que se creyó. Si es necesario reducir la dosis, puede aumentarse con cuidado de nuevo después de tres o cuatro días si es evidente que el dolor no está bien controlado. Los mareos y la inestabilidad pueden estar causados por hipotensión postural, especialmente, en pacientes de edad avanzada o debilitados. El paciente puede sentirse aliviado si se acuesta. Debido a la depuración más lenta en pacientes mayores a 50 años, la dosis adecuada para este grupo etario puede ser más baja que la mitad o menos de la dosis habitual en el grupo etario más joven. Náuseas y vómitos: Las náuseas y los vómitos son frecuentes después de dosis únicas de narcóticos o como un efecto inicial no deseado del tratamiento periódico con narcóticos. Al instaurar un tratamiento prolongado para el dolor crónico, se debe pensar en recetar sistemáticamente un antiemético. Los pacientes que consumen el equivalente de una dosis única de 20 mg o más de morfina, por lo general, requieren un antiemético durante el inicio del tratamiento. Los antieméticos recetados con más frecuencia son proclorperazina o haloperidol en dosis pequeñas. Las náuseas y los vómitos tienden a disminuir en, aproximadamente, una semana, pero pueden persistir debido a la estasis gástrica inducida por narcóticos. En tales pacientes, a menudo, es útil la metoclopramida. Estreñimiento: Prácticamente, todos los pacientes presentan estreñimiento mientras están tomando narcóticos de forma continua. Los pacientes de edad avanzada o que se encuentran confinados a la cama pueden quedar afectados. Es necesario advertir a los pacientes en este sentido e instaurar un régimen adecuado de tratamiento intestinal en el inicio del tratamiento con narcóticos prolongado. Se debe modificar la dieta, hacer ejercicio adecuado y utilizar ablandadores, laxantes y otras medidas apropiadas según sea necesario. Otras reacciones adversas incluyen: Trastornos cardiovasculares: Taquicardia supraventricular, hipotensión, hipotensión postural, palpitaciones, desmayos, síncopes. Trastornos del sistema nervioso central: Euforia, disforia, debilidad, insomnio, mareos, síntomas de confusión, vértigo. Ocasionalmente: alucinaciones, perturbaciones visuales, dolor de cabeza, contracción muscular involuntaria, astenia, somnolencia, anomalías en los pensamientos. Poco frecuentes: malestar, cambios de humor, convulsiones, miosis, parestesia, agitación. Trastornos gastrointestinales: Sequedad bucal, anorexia, dispepsia, íleo, estreñimiento, dolor y calambres abdominales, alteraciones del gusto, trastornos gastrointestinales, calambres en el tracto biliar. Poco frecuentes: enzimas hepáticas elevadas. Trastornos genitourinarios: Retención urinaria o la dificultad para la micción, amenorrea, disfunción eréctil, disminución de la libido o potencia sexual. Trastornos respiratorios: Depresión respiratoria, broncoespasmo, disminución de tos. Trastornos endócrinos: Poco frecuentes: edema periférico, edema pulmonar; el síndrome de secreción hormonal antidiurética inapropiada caracterizado por hiponatremia posterior a la disminución de la excreción de agua libre puede ser sobresaliente (es posible que sea necesario controlar los electrolitos). Trastornos generales: Reacciones alérgicas, reacciones anafilácticas y anafilactoides, farmacodependencia, rubefacción, prurito, urticaria, otras erupciones cutáneas, hipertonía, edemas. Síndrome de abstinencia: La dependencia física con o sin dependencia psicológica tiende a producirse durante la administración crónica. El síndrome de abstinencia puede anticiparse cuando se interrumpe la administración de narcóticos o cuando se administran antagonistas de narcóticos. Los siguientes síntomas de abstinencia pueden observarse después de que se interrumpe el uso de narcóticos: dolores en el cuerpo, diarrea, piel de gallina, pérdida de apetito, nerviosismo o inquietud, secreción nasal, estornudos, escalofríos, temblores o estremecimiento, calambres en el estómago, náuseas, dificultad para conciliar el sueño, aumento poco habitual de la sudoración y de bostezos, debilidad, taquicardia y fiebre inexplicable. Con el uso médico adecuado de narcóticos y la interrupción gradual del medicamento, estos síntomas suelen ser leves.

Indicado para el tratamiento de:

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